viernes, abril 07, 2006

Hoy más que nunca...

lunes, febrero 13, 2006

Simplemente... te amo

He querido, subiendo algunos post antiguos, que algunas personas especiales conozcan cómo se inició esta singular historia de amor en el blog.
Marcia y David, Marcylor y Esteban respectivamente, viven juntos desde hace casi cinco meses. Y se aman.
Esta es su historia.

miércoles, octubre 26, 2005

Sólo para ti, amada

Tu posteaste esto:

"sintiendo... y no pensando... cuando amo acepto, y corro a la menor petición junto al amado. No hay distancias para ello, de verdad me la juego, y eso a veces ha sido mi pequeña destruccion. Cuando amo efectivamente caigo en la mimesis, efecto derivado de la admiracion, cuando amo de verdad, hasta comprendo cuán poco admirable puede ser el objeto de mi amor, y hago lo posible por arroparlo para que nadie se de cuenta de su lado inconcluso, cuando amo de veras, me pongo al lado -mi ego- hasta límites irracionales; su bien está primero, incluso si ese bien significa que yo me desaparezca de su vida. Y lo hago. Cuando amo de veras no quiero perder a quien amo, así que dejo fluir el sentimiento, a veces dejando demasiado aire entre medio y permitiendo que se escurra entre mis dedos... al parecer, tanto desapego extraña, y es mejor elegir a una bruja que te destroce el departamento a pedazos, te arañe cuando la amas y te cele por cada esquina, y sí, cuando amo tengo miedo, porque me pierdo, soy más yo que nunca, y a la vez soy menos yo que antes. Y me asusta ese fenómeno de posesión, aunque generalmente salgo con un plus más de mí encima, por tanto, si alguien no se da el trabajo de sujetarme, aquerenciarme y hacerme hablar, no podrá mantenerme a su lado." (lunes 29 de agosto de 2005).

Yo quiero que me amen así, pensé, al leerlo. Dos días más tarde te conocía personalmente. Sentados en el Havanna Café, uno frente al otro, no sólo te conocía, sino más bien, te encontraba.
Me gustaste y me encantaste (de encantamiento) en ese mismo instante. Sin medida.
Hoy, después de este nuevo tiempo junto a tí, puedo decir que cada palabra y frase de ese post es verdad. Me amas así! Estas frases escondían el secreto. Sólo debía leer con atención para tocar tu corazón...
En este breve tiempo, para algunos, han sido innumerables las veces en que he dado gracias. Pero hay algo que siempre te agradeceré: Gracias por devolverme la alegría! y, de paso, confirmar que siempre hay que volver a empezar, una y otra vez...

Quiero reproducir a continuación, con tu permiso, lo que te escribiera, hace poco tiempo, en un instante crucial para nuestras vidas:

"Hoy te invito a creer cuando digo futuro. A creer que es posible. Para esto debemos poner todos nuestros dones que Dios nos regaló al servicio de lo que creemos.
Ayer pensé que podía y hoy puedo, reza una frase por ahí en alguna canción de Cabral.
Querer es poder, ambos lo sabemos.
Hoy te invito a iniciar una nueva etapa en nuestras vidas como compañeros de viaje. Tu sabes de esto, de viajes, y, por lo tanto, sabes la importancia de tener un compañero cuando vas camino a un lugar.
Traspasaremos el Puente de los Suspiros al atardecer justo cuando las campanas de la iglesia repiquen con más fuerza, como esos dos adolescentes que creían que así su amor sería para siempre…
Te invito a creer y a caminar juntos hasta que sólo Dios así lo quiera y, por lo visto, parece que está de acuerdo. Confiemos y esperemos. Te amo."

sábado, octubre 22, 2005

Los de entonces, ya no somos (casi) los mismos...

Sentado en el incómodo sillón blanco, y como una forma de sobremesa literaria, hojeo una de las variadas publicaciones periódicas que encuentro en el revistero de mi oficina. Por mis manos diariamente pasa Capital, Nexos, Qué Pasa, Mensaje, entre otras. De todas ellas, hay una que siempre llama mi atención y que espero regularmente: Letras Libres, una publicación mexicana de carácter literario y en ella busco una sección que me gusta mucho leer: Letras, Letrillas, Letrones, una especie de “post” impresos.
Como siempre, algún relato llama mi curiosidad y esta vez no fue diferente:

El autor, mexicano me supongo, hace un breve relato acerca de la “milagrosa” transformación de algunos cines de barrios, de dudosa reputación, en iglesias o centros de oración evangélicos.
Al leerlo mi mente me trasladó 26 años en el tiempo cuando, de adolescente, mi curiosidad sexual se hacía más y más urgente saciar.
Todo ocurría los lunes, puesto que mi madre me dejaba solo en casa ese día. Un amigo me pasaba a buscar tipo 3 de la tarde e íbamos al cine, al famoso cine Moderno del paradero 18 de la Gran Avenida. Yo vivía en el 20. Tres películas por cien pesos era la oferta que indicaba la cartelera. Gloria Guida, Edwing Fenech, Adriano Celentano, El gordo Porcel eran los actores favoritos y La profesora de lenguas, La profesora de ciencias naturales eran las películas imperdibles para cualquier adolescente de nuestra generación que sólo estábamos acostumbrados a ver las minas de la Cosquillas o Viejo Verde (revistas que siempre llegaban a mis manos pero no estaban en ningún revistero). Hubo una, de muchísimas, que me impactó enormemente: "Los cuentos de Canterbury", que vi más de tres veces (qué calentura se tiene, también, a esa edad!). En ella, había una escena en que, a toda pantalla, quedaba el sexo de una mujer en todo su esplendor y naturalidad, es decir, nada de depilaciones, cosa que no se usaba en ese entonces. Esta imagen me acompañaría por varios años en mi horas de soledad (no sé si me explico) convirtiéndose en una especie de escena de culto. Tenía efecto inmediato.
Este ritual de ir al cine se cumplía con responsabilidad todos los lunes. La cosa curiosa era que, como los lunes no había ferias libres en ninguna parte, el público era compuesto mayoritariamente por feriantes. La fauna era genial.
Toda esta rutina tuvo un abrupto final. Una tarde, mientras en la pantalla alguien tocaba alguna pierna o pecho, alguien quiso hacer lo mismo con la mía. Una mano de hombre adulto tocaba mi pierna fuertemente. Me levanté y sin decir nada, salí corriendo de ahí para nunca más regresar.
Hace varios años pasé por el frontis de ese cine. Unas letras enormes había reemplazado Cine Moderno por Ministerio Pare de Sufrir (o de Gozar, según como se viva).

miércoles, septiembre 28, 2005

Sin título

Y tengo un corazón grande para quererte a ti, termina la poesía. Con brazos al cielo representado la grandeza de su corazón, el niño mira sonriente esas cientos de ojos que lo miran al tiempo que le ofrecen un aplauso generoso, tanto como por su poesía como por su ternura. De todos aquellos aplausos, hubiera esperado uno, el más especial. Ese que nunca llegaba, que ni siquiera sabía de sus virtudes interpretativas que poseía a su corta edad.
Durante aquellos ocho años “de locos entusiasmos, la escuela con sus fiestas, maestros y canción” era elegido para interpretar la poesía de rigor. Batalla de Maipú, Combate Naval de Iquique, Mes del Mar, Día del Carabinero, Día de la Madre (con su famosa poesía Retrato de una Madre de Ramón Angel Jara), Fiestas Patrias y hasta una olvidada poesía en memoria de Lincoln, que sólo la frase “¿quien yace ahí? Es Lincoln el honrado” quedaría en su memoria, formaban parte de su repertorio.
Durante ocho años esperó, sin saberlo, que él viniera.
Graduación del ’80, patio del colegio, uniformes por primera vez completos, sentados ordenadamente donde a cada uno le correspondía previo ensayo general. Canción Nacional. Palabras del Director. Premios a los mejores alumnos.
La profesora-animadora presenta lo que viene en el Programa Oficial.
Durante ocho años nos ha deleitado con sus poesías, dice muy convencida -puesto que era ella quien lo elegía- y hoy, por última vez, recitará el poema “A los niños que se van”…
Esta vez recita con mucho más entusiasmo. Esta vez no estaba solo. Él estaba ahí.
Una vez que terminó y nuevamente los aplausos le agradecían sus palabras, vio como alguien comenzaba acercarse, abriéndose paso, hacia él.
Se acerca, lo abraza fuertemente, delante de todos los presentes y le dice, con sus ojos emocionados: “te felicito hijo”. El adolescente sólo calla.
La imagen de ese momento sería lo más parecido el haber escuchado de su padre, “te amo, hijo”…